
Con Oliver Stone sucede que uno no sabe muy bien si critica o muestra su fascinación-tal vez ambas cosas- hacía el objeto que esta filmando. Es lo que sucedía con la ya mítica "Wall street"(1988), oda al yupismo, que si pretendía meter el dedo en la llaga del capitalismo emergente y feroz de la USA ochentera, conseguía casi lo contrario; es decir, que te entraran ganas de ser ese Gordon Gekko arrogante y excesivo, pagado de si mismo, atiborrado de gomina y con el dinero por maldición. En ese momento la película fue una radiografía precisa de lo que estaba sucediendo y procuraba no tomarse demasiado en serio, consiguiendo convertirse en una especie de comedia kitsch. "El secreto de mi éxito" de Michael J Fox, pero un poco más solemne. Pero si la original no tenía reparos en mostrar esa fascinación hacia el consumismo y el dinero, en esta tardía secuela -o más exactamente "comeback"-Oliver Stone parece tener reparos para dejar que se note la baba que suelta ante indecente ostentación. (Con la crisis que tenemos en lo alto no esta bonito que se te ponga dura con los billetes de mil, parece decirse todo el rato el Señor Piedra)."Wall street. El dinero nunca duerme" se mueve todo el tiempo entre la ampulosidad de su diseño de producción y la reprobación con moralina de la avaricia que da pie a todo. Es cierto que el envoltorio de la película es espectacular; impresionantes planos aéreos de Nueva York, una potente banda sonora, un reparto de lujo, excesivos montajes visuales. Y detrás de todo eso, una gran nada. Como una hermosa pompa que acaba por explotar en nuestras narices en un final tan forzado como inverosimil. En otras palabras, lo que nos gustaba de la primera era la desfachatez de ese Michael Douglas amoral y descontrolado, que aquí se ha convertido en un abuelito ex-convicto y con dilemas éticos. Y es que en estos tiempos de corrección política ya ni siquiera Gordon Gekko puede ser tan hijo puta como era.

Christopher Nolan siempre me ha parecido un tipo brillante, pero también sobrevalorado. Es algo que pasa mucho con la crítica de cine; en cuanto vislumbran a alguien con talento lo encumbran al olimpo cinematográfico, convirtiéndolo en poco más o menos que un maestro...(Un tal Shyamalan es buen ejemplo de ello) Sinceramente, no caí subyugado ante las bondades de "Memento" y fui de los pocos que consideré "El caballero oscuro" como una película más bien plomiza y aparatosa, al igual que la mucho menos laureada "Batman begins" me pareció un entretenimiento de lo más estimulante. Reconozco que esperaba "Origen", thriller onírico protagonizado por Leonardo Di Caprio, con ansias cinéfilas. La campaña de promoción ha sido excelente, rodeada de secretismo y filtrando las mejores escenas de la película en un trailer muy prometedor. En otras palabras, tenía muy buena pinta. Y aunque es de justicia reconocer un puñado de ideas brillantes y alguna escena poderosa-la del pasillo del hotel, el desdoblamiento escheriano y magritiano de las ciudades- de las que se quedan en la retina, "Origen" me resultó una decepción bastante dolorosa. Nolan desaprovecha los escenarios oníricos de su pesadilla, tratando de racionalizar constantemente, afanándose por darle una lógica que tal vez no fuera necesaria. (David Lynch sabe bastante al respecto) Y la película vuelve a resultar un tanto pesada, con diálogos explicativos y más bien insufribles y con escenas de "acción" tan ridículas como innecesarias, como por ejemplo la de la nieve. Nunca se ha visto un plantel de actores más desaprovechados, especialmente doloroso es el nimio papel para un actorazo como Michael Caine. En resumen, me parece una película tan talentosa sobre el papel como carente de emociones en la práctica. No me provocó ninguna sensación este "Origen" Y eso, amigos, no lo perdono... 


